martes, 24 de febrero de 2009
El agua del fregadero está muy fría por la mañana.
La hora del desayuno en casa es un momento fundamental en el día. El aroma del café nos envuelve. El ayuno de la noche que pronto acabará... La luz... ¡tan en tránsito!
Pero hay algo que estropea esta arcadia matutina: que la cafetera esté sucia de la noche anterior. Ese momento de fregar la cafetera es terrible. El olor del café seco es muy desagradable. Pero todo se arregla cuando, ya llena de café, humea y expande su estupendo aroma. Entonces viene ella y dice: ¡Qué buen café me has hecho!, porque yo no tomo café.
Los bulbos en febrero
Es increible y estupendo. Empezamos en nada y, en pocos días, la flor está fuera. Es efímero, sí. ¿Y que?
Me gusta plantarlos, mirarlos y cuidarlos. Me encanta ver cómo se estira la planta y como la promesa de futuro se vuelve realidad en pocos días. Por otra parte está el olor. ¡Qué bien huelen! Sobre todos los jacintos. Pues... ahí están.
domingo, 8 de febrero de 2009
Domingo noche.

Los domigos por la noche son estupendos. También son horribles. Lo mejor es quedarte donde estás. Y ahora, domingo por la noche, estoy aquí y dispuesto a saborearlo. Conozco quien casi enferma con el domingo tarde. Se dedican a dormir o a enfadarse, refunfuñar o huir.
Pero resulta que el tiempo es completamente relativo y se va volando. El lunes siempre vendrá detras del domingo, pero... mañana empieza todo, y hoy también.
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