"Avispa leyó durante casi una hora, mientras afuera la noche se hacía cada vez más negra y toda la gente que había llenado de ruido la ciudad durante el día descansaba en sus camas. Pero en algún momento se le cayó el libro de las manos y se le cerraron los ojos. Así que todos dormían profundamente cuando llegó Escipión."
En El señor de los ladrones, de Cornelia Funke.
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